Siempre he pensando que en nuestra vida existe una base que nos da firmeza para avanzar, una constante dentro de un mundo lleno de variables que nos permite sostenernos frente a la fría espada del tiempo que nos estrecha contra el vacío, cuan arnés que nos garantiza que nuestro siguiente paso será el adecuado. Hay ocasiones en las que desaparece, o en las que tú mismo crees que debes alejarte de ella para explorar nuevas formas de estar anclado a esta realidad, pero fracasas y no sabes si es porque la propia inercia que te imbuye al abandonar la constante te impide atarte a otra, a que te veas arrastrado sin control por el destino, o que nunca, por mucho que lo desees, eres capaz de desprenderte de los cimientos que mantienen tu esperanza a flote, esperanza de ver las variables de una manera armónica y positiva, y no como algo fatuo. ¿De verdad existen las constantes? Espero que sí, pues necesito una para que mis pulmones se vuelvan a inundar del aire que nunca caduca, cerrar los ojos y poder decir: si, estoy ahí.