Siempre he pensando que en nuestra vida existe una base que nos da firmeza para avanzar, una constante dentro de un mundo lleno de variables que nos permite sostenernos frente a la fría espada del tiempo que nos estrecha contra el vacío, cuan arnés que nos garantiza que nuestro siguiente paso será el adecuado. Hay ocasiones en las que desaparece, o en las que tú mismo crees que debes alejarte de ella para explorar nuevas formas de estar anclado a esta realidad, pero fracasas y no sabes si es porque la propia inercia que te imbuye al abandonar la constante te impide atarte a otra, a que te veas arrastrado sin control por el destino, o que nunca, por mucho que lo desees, eres capaz de desprenderte de los cimientos que mantienen tu esperanza a flote, esperanza de ver las variables de una manera armónica y positiva, y no como algo fatuo. ¿De verdad existen las constantes? Espero que sí, pues necesito una para que mis pulmones se vuelvan a inundar del aire que nunca caduca, cerrar los ojos y poder decir: si, estoy ahí.
Incluso las constantes que en un momento de nuestras vidas parecen leyes universales que no variaran con la eternidad, de pronto, un día se desvanecen y te ves esperando un nuevo amanecer, porque pensabas que el sol seguiría saliendo pasara lo que pasara, porque el sol saldría eternamente cada mañana. Pero esta vez...pasan los días y sigue siendo de noche, las estrellas parpadean y la luna no baja hacia el horizonte. Se apaga la luz que hasta entonces iluminaba la vida y no se ve nada que te haga saber que estás ahí y perdido esperas que tus ojos se amolden a la oscuridad, para al menos no tropezar en tu siguiente paso. ¿Constantes? No, ni dentro ni fuera de nosotros mismos. Y es que sólo navegando entre variables podemos decir, sí, estoy ahí, no igual que ayer, ni que mañana, pero soy yo quien esta ahí y son mis ojos los que siguen mirando, aunque ya no sea a la luz del sol.
ResponderEliminarSeas quien seas, me ha gustado tu aportación :)
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