Sentado en un esquina, con la triste secuencia de los anuncios televisivos como banda sonora ignorada, siento como si pusiera las luces largas, y no me refiero a lo que los más inclinados hacia la perversión pensarían, ni a las luces de un coche, me refiero al campo de percepción de la realidad, de la mente, de la existencia. Imaginad un círculo cuyo diámetro sea 7 metros y en el cual todo fuera simple, tu estado anímico fuera 0 o fuera bienestar, tu perspectiva de la realidad abarca tan sólo esos 7 metros y la concibes tan amplia que abarca la totalidad del diámetro. De pronto, sin saber cómo, ni porqué, el diámetro aumenta y mide 13 metros, y espontaneamente todo puede ser mucho más complejo, tu estado anímico ya no es 0, la visión se nubla, lo que para ti antes era la plena realidad ahora se queda pequeña. Turbio el pensamiento, las variables se hacen visibles y se vuelven manipulables, te saturan. Puede ser el día o la noche, pero sólo en la oscuridad se aprecia mejor. Aveces no podemos distinguir cual es la verdadera distancia que dicta que realidad es la correcta, aunque en el fondo lo sepamos, no vale con verlo, ha de ser aceptado como tal por nosotros mismos.
Siempre son pequeños estímulos los que hacen variar las distancias, situaciones inconexas, sensaciones dispares, palabras indiferentes, cualquier cosa puede servir, al fin y al cabo es nuestra consciencia quien lo decide. No es andar en círculos, es estar dentro de ellos, conocer sus límites y sobrellevarlos. Por mucho límite que exista, no se puede evitar perder el rumbo cuando súbitamente crece, y es en esos momentos cuando más control has de tener, pues un paso en falso podría significar... la imposibilidad del regreso al pequeño círculo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario