Fluye entre sus surcos el jugo de la esencia que queda seca, exprimida por la fuerza y crueldad del tiempo, convertida en una pasa que ha quedado despojada de todo su sabor. Manos recorren su figura buscando el tacto que desprenda la chispa en un cuerpo marchito, agrietado por la falta de vida hasta romper el sustrato que lo mantiene a flote y cubierto por la naturaleza de la nada como una capa que se desliza hasta el vacio único, y en él, te presenta la vida en toda su desnudez, tan cruda, tan sucia, tan ácida que corroe todo tu interior haciendo que pierda toda la estructura que construiste con la dedicación del resto de ella. Una caída constante hacia el juego óptico de un prisma innato que se ríe de ti.
Ese es el sentido de la vida, su vacio, su propio sinsentido...
y el lienzo que deja libre al descubrirlo.
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