sábado, 30 de marzo de 2013

Soplo



Un suave soplo de viento tornó el rumbo de las hojas otoñales al caer mecidas cuan cuna vacía, parecía que sería imposible, pero cada instante que pasaba allí, todo cambiaba, y tendía a mostrar un sendero, como si alguien estuviera apartando los  arbustos que lo ocultaban, como si sus fuerzas desaparecieran. Él sabía que no había nada que hacer, todo estaba perdido. Solo era capaz de seguir el camino al que estaba siendo llevado. Se acercó sigilosamente, intentando dar un rodeo, pero cuando pensaba haberlo conseguido, bajó la defensa y, entonces, sucumbió. En su cabeza había una voz que le decía - Sabes que tú no eres el que decide este instante, ni el que decide el futuro, no es de tu competencia-, otra voz omnisciente aparecía como narrador insurrecto añadiendo su pincelada al cuadro que se estaba gestando - Jamás te brindaré la oportunidad que buscas, tu momento se ha perdido entre miles de historias y, entre tantas, sólo el azar puede acceder a ella-. Él, frustrado por tener que aguantar ese diálogo constante entre sí mismo y el destino, o entre sí mismo y sí mismo, intentaba evitar la culpabilidad, atribuirla carecería de sentido. Limitándose entonces a vagar en su consciencia buscando el porqué a tantos escondites en su laberinto, y pensó que se trataba de la danza natural del cosmos.
-Sabes que es un error. Lo sé.
-Sabes que no es un error. También lo sé, ¿qué te hace pensar que no?
-Me da igual que penséis una cosa u otra, pues si el sentido de seguir el deseo de las entrañas te lleva en una dirección u otra, ¿no es suficiente con tomar una ellas?
-Para ti es muy fácil, tú no eres el que elige, sino el que conduce- respondieron ambos.

1 comentario:

  1. El aire ya huele distinto. Ni la brisa de verano, ni las damas de noche, ni el salitre parecen ponerse de acuerdo. Todo se ha desmoronado y ese olor se ha ido perdiendo.
    Los soplos ya no tienen esa magia que envolvía las noches de verano en una atmósfera de otro mundo, y la balanza acabó inclinándose hacia el otro lado, el contrario, tan arriba que se puede ver ni el suelo.




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