Es cómo si estuviera dentro de un enorme horno, fraguado a la medida de mi pecho amartillado tan sólo con palabras fundidas, hendidas como dientes en la carne con los fuertes músculos de sus mandíbulas apretando con fiereza atrapando su rígido esqueleto como leña que arde, cada vez más cerca, cada vez más lejos, gritando demencialmente por escapar del infierno, de la tortura que su único lacayo rebelde le asestaba ajeno a los peligros a los que se arriesgaba pasivamente por su ignorancia y falta de observación, y una vez llegado al punto de ebullición, donde las miles de millones de voces se agolpaban en su cabeza, colpasándolo como embudo mental, sentir la más extraña de todas las sensaciones, ver como desde el núcleo en que orbitaba su ser, nacía súbitamente el gélido horror que creía avecinarse.
Tan sólo falto una pequeña caricia para que cayera reducido a inéditos trocitos de hielo como cenizas inertes,
y con ellas, los planes de la creación.
Tan sólo falto una pequeña caricia para que cayera reducido a inéditos trocitos de hielo como cenizas inertes,
y con ellas, los planes de la creación.
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